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Por:  Yunior, Bolaños Rodríguez.
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Con sed ha de despertar todo ser. Puede que del amor no hayan surgido, mas sin amor no han de crecer; aunque el odio los consuma y el exquisito deseo de borrar insatisfacciones sea dibujado por las lágrimas que se negarán a llegar.
Lloran pues, las luces que acortaban la brecha que nos habrían de separar. El camino a transitar no será fácil; la tentación es el menor de nuestros problemas, somos nosotros mismos, negándonos a la vida, apuntalando la frialdad del que interpela y mata por el mero placer de sentirse poderoso.
Sea pues la sed la que mantenga con vida al que otrora tuvo que despertar; y el perdón, el mejor legado de su mano estrechada. Sabiendo que no teme a la daga del falso amor que brilla en los ojos del verdugo que le sirve la cena y lo invita a descansar en su lecho infinito.
Qué mayor sacrificio que el de perdonar a la justicia; pues jamás ha bebido de la ira del oprimido que despierta cada día para satisfacer los caprichos del que se vale del más humilde de los recursos de esta maravillosa creación; de nosotros que vivimos y morimos, pero que aún debemos aprender a perdonar y, más aún, a no matar los sueños que tocan a la puerta de una inocencia que adolece de esperanzas.